domingo, 7 de diciembre de 2008

Una tarde...




Llegaste sin avisar, te metiste derepente y sin permiso
llenaste las tardes de poemas en bancas de metal,
besos de tamarindo y ceniza,
manos y pies descalzos en el piso
adoquines desconocidos.

Frio y miedo, frío y un beso.
Largos caminos, cuánto tiempo perdido.
Conocí los campos de flores.

Unas alas de ángel para soñar en una esquina, corazones de papel colgando de un hilo.
Miré y todo estaba lleno de colores, perdiste la noción del tiempo.

Una tarde cualquiera decides pasarte por mi boca y no irte...Nunca?
Pero no te veo ahora, falta sentir tu aliento en la espalda, tu voz en el oído.
cuántas mentiras...

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